Tuesday, 27 June 2017

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En la sala de reuniones un hombre sonríe y dice
"perdón, ¿podrías repetirlo? ayer me divorcié".
Un hombre no entiende el mundo más,
porque el desencanto
porque el desamor.

Yo también me separé, hace una vida. No suelo hablar de ello porque jamás quise reconocer que aquello  era una relación. Cómo entonces podría romperse algo que nunca existió. Y sin embargo hubo duelo. Sin embargo cargué con dos maletas llenas de las cosas que no pude llevarme. Cambié mi pasaporte. Olvidé un idioma. 

Tampoco entendí la vida por un tiempo.
"Perdón, ¿podrías repetirlo? ayer me divorcié".
Yo no tuve la valentía de asumirlo,
simplemente me hice la tonta,
y aprendí a ser entera sin insultos.
Nadie jamás volvió a llamarme puta.
Nadie jamás volvió a hacerme sentir 
que mi torpeza me definía, y nada más.

Pero arrastro el miedo.
Tengo miedo a que mis hermanas,
mis amigas,
mi hija,
se dejen romper en silencio.

Y celebro con una sonrisa a este hombre
que se reconoce roto en una reunión de las Naciones Unidas,
donde todos nosotros nombramos el dolor en diferentes lenguas
y todos nosotros admiramos la entereza que conlleva
el mostrar la fractura abierta.

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