Tuesday, 20 June 2017

36

La vida se subordina al síntoma en las últimas semanas;
se clasifica el dolor,
se cuentan los latidos,
los pasos se vuelven lentos, como de mujer arrepentida.
Llevo un corazón que no me pertenece en el vientre,
me pesa su inocencia,
la gravedad de la vida expulsando a mi hija de su cielo,
condenándola al barro.

Lo mejor que puedes hacer, niña,
es aprender a ensuciarte.
Mirarte al espejo y ver el polvo manchando tus pestañas,
los escombros brillando como purpurina en tu pelo,
reconocerte viva y rota desde el principio,
para crecer bella, para no avergonzarte de las pequeñas cicatrices que el tiempo deja.

Y entender que la tristeza crece salvaje,
sólo tienes que aprender a hacer camino entre sus flores,
sin preocuparte en cortarlas, porque siempre crecen fuertes.
Camina sus intersecciones,
entierra las pérdidas
y sigue adelante,
siempre,
siempre,
nunca olvides que tu padre y yo
te imaginamos con alas doradas
te imaginamos caos feliz. 

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